Llegó puntual. Lo reconocí por su forma de tocar el timbre: uno corto y uno largo. Lo atendí en la puerta, como dos extraños. Esa puerta que alguna vez cruzó y, con esa entrada a mi casa, entró también a mi vida.
Pero a diferencia de la puerta de mi casa, esa de madera y tan tangible, la puerta que yo le abrí hacía un año y medio atrás era mucho más delicada. Y no respondía a mis intervenciones: no se abría cuando ponía una llave ni se cerraba al empujarla. Esa puerta a mi vida se abría y cerraba cuando estaba lista, incluso cuando yo no era consciente de eso. La puerta, en ese momento, estaba arrimada, pero no cerrada. Y que necesitaba cerrarse para poder seguir, para que no me lastime.
Con Ro fue diferente. Ella era una puerta, también, pero una puerta de percepción. Me hizo entender nuevas cosas del mundo, me dio besos que sólo veía en películas pero no me dio amor. Sólo fue la primera en muy pocas cosas. Con EL tenía una vida armada. Los cimientos los habíamos construidos juntos. Por eso la puerta tardó más en cerrarse. O mejor dicho, la puerta necesitaba cerrarse mientras que la de Ro no me lastimaba estando abierta, porque aún sin cerrarse me seguía enseñando cosas.
- Aunque ya te lo dije, necesito decírtelo de nuevo, ahora que estás más calmado. Necesito un tiempo.
- ¿Qué es un tiempo? ¿Cortamos?
- No. No te veo por un tiempo, pero sigo siendo tu novia.
- Pero... ¿es que querés estar con otro?
- ¿Quééé? No estás entendiendo nada. Quiero estar conmigo. Quiero pensar sin que interfieras. No simplifiques todo.
- Bueno. ¿Pero por qué querés un tiempo?
- Te lo dije ayer. Todo eso y esto.
Le mostré mis muñecas. Tenía moretones, de esos que comienzan a formarse. Miró el color rosa que recién empezaba a tornarse un poco violáceo. Colores que nunca había visto en mi cuerpo. Colores que eran lindos en general, pero al verlos en mi piel y todo lo que decían sin palabras eran lo más horrible del mundo.
Quedó igual de sorprendido que la tarde anterior cuando dije que quería un tiempo. Entonces se lo dije:
Esto es lo que me da miedo. Vos me das miedo. No puedo estar con alguien en una relación así. Y no sólo me das miedo vos, me doy miedo yo. La persona en la que me convertí. ¿Cuándo adquirí esta simbiosis? No es sólo el hecho de estas marcas, se van, pero esta relación enfermiza no cambia, lo hablamos mil veces y seguimos en la misma. No puedo más. Sé que yo misma me sofoco, pero lo prefiero a que me sofoques vos. Nos vemos en una semana.