Me hacen feliz

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Contigo en la cercanía.


Con el tiempo no solo la carencia de sexo se transformó en un problema sino que además hubo otro ingrediente negativo: EL se volvió posesivo. Quizás lo fue desde el comienzo pero sólo después de un tiempo pude darme cuenta, después de pasar la idealización de los primeros momentos juntos, la sorpresa de sentirse querido y entendido.


Yo solía pedirle que nos veamos menos, pero aparecían planteos del tipo no me querés mas o sabía que me ibas a dejar que era un dolor de cabeza en vano, porque a los días buscaba motivos para hacerme sentir culpable por no tener sexo y volver a estar muchas horas juntos. Y como era mi primera experiencia, no sabía bien qué tenía que permitir y qué no, o qué era amor y qué no.


Y de tanto tiempo juntos fue que surgió el automatismo. Es muy fácil que te pase eso con una canción que la escuchas tanto que ya no te causa más esa sensación que te llevó a repetirla mil veces. Le pasaba a mis amigas que bailaban brasilero en esa época que de tanto hacerlo una y otra vez, lo hacían sin saber qué pasos hacían, mecánicamente. Te pasa cuando estás apurado y ponés la pava en la heladera. Pero si te pasa con una persona, es lo más cruel que hay. Es tratarla como objeto, es quitarle todo su valor, es no entender la complejidad de las personas. Es lo mismo verla o no. Hablarle o no. Está ahí y tenés tanta seguridad, que pareciera que no te importa.


Lo había pensado mucho y ya no podía soportar más esa situación, ese sentimiento de persona fría. Y sabía que si se lo planteaba, iba a seguir manipulándome. Y dije basta. Después de un año y medio de casi no pensar en mi, finalmente dije basta. No podía soportar cómo absorbía mi personalidad, cómo ponía por encima la comodidad sobre mi felicidad. Porque tener un novio me daba seguridad, esa que yo no tenía. Si estaba triste, ahí estaba él, a mi lado. Si me sentía fea, me decía te amo y de repente no importaba nada más. Si quería hacer cucharita o dormir la siesta, el estaba conmigo. Pero para mi llego a un punto en que no fue suficiente.


Era septiembre y ya empezaba el calor. Me iba a buscar a todos lados, así que ese día sabía que iba a estar a la salida de dibujo. Siempre estaba, aunque le diga que iba a hacer otra cosa, él me acompañaba.


Durante todos los trazos del óleo ninguno fue pensando en la textura, las luces y sombras, ni siquiera en el color. Sólo pensaba en las palabras, las reacciones, las miradas. Me sentía en su lugar cuando me confesó lo que sentía por mí: estaba nerviosa, no podía concentrarme y miraba el reloj a cada rato, aún sabiendo que el reloj no iba a apurar su paso.


Pero cuando salí, no pude decir palabras, él tenía un montón ya preparadas.

martes, 1 de septiembre de 2009

Somos novios.

Lo que siguió es obvio. Nos dimos todos los besos que nos teníamos que dar. Nos pusimos en la situación incómoda de ponerle el título de novios a la relación y nos presentamos a la gente como pareja con todavía más incomodad. Y nos dijimos las palabras que si cualquiera las decía sonaban cursi pero por estar viviéndolas en ese momento, tan intensamente, nos gustaba decirlas. Como si fuera la cereza del postre: el postre no deja de ser postre por no tener cereza pero con la cereza tiene el toque final. Nosotros nos amábamos igual aunque no nos lo dijéramos, pero decirlo nos hacía sentir que nos amábamos más.


Cierta gente me decía que era imposible a esa edad articular esas dos palabritas (te y amo, juntitas y con convicción). Algunos se fundamentaban en que en realidad era un sentimiento de enamoramiento, que faltaba más y que eso se lograba con la edad.


Algunas cosas está mejor vivirlas que cuestionarlas. Aunque a veces si no se cuestionan, parecen volverse contra uno. Para mi, había diferentes tipos de amor entre dos personas, de acuerdo a las etapas, expectativas, el tiempo juntos, etc.


Cuando era chica, amaba a Ayelén. Y algunos podrán decir que no, pero nunca van a saber lo que yo sentía. Otros quizás nunca sientan un amor tan puro como el que conocí en esa escuela de la mano de una nena. Y quizás nunca me vuelva a reencontrar con ese sentimiento. O si, un sentimiento más maduro, con otras demandas.


En el curso era una de las pocas que tenia novio. La unica con novio serio. Todas me preguntaban cosas. Me planteaban sus dudas. Me contaban sus problemas. Asi fui conociendo cada vez más la psiquis femenina.


Después de un tiempo una amiga mia perdió su virginidad, sólo que ella no tenía novio. No podía creer que yo, después de siete meses, no había estado con él. Me contó su experiencia y ella comenzó a ser la gurú del sexo. Yo era la gurú sentimental, la filosófica, según algunas, aunque para mi eso era más bien una psicología barata.


Poco a poco más chicas iban perdiendo su virginidad. Y yo no. Estuve un año y medio saliendo con EL pero no hicimos el amor ni una vez. No sé bien por qué. Sinceramente no quería. No sentía la necesidad. Sin embargo, la pareja se hace de dos personas, asi que más allá de mi falta de necesidad, tenía que escuchar los interrogantes por no hacerlo. Y explicar, y hablar tanto del tema hasta sentirme mal, porque era raro que me baste con caricias y besos, porque él sentía que no lo amaba del todo, porque la relación para él estaba incompleta.